La primavera es la época en la que se vuelven a activar muchas plantas y comienzan a desarrollarse de nuevo. Pero debemos tener cuidado con los cambios de temperatura que se producen bruscamente en esta época, como son las heladas tardías o los vientos.

Al igual que despierta nuestro jardín, también comienzan los nuevos ciclos los insectos que se alimentan de las plantas. Será el momento de realizar algunas actividades preventivas, que nos ayudarán a que sus ataques no sean excesivamente drásticos. Debemos tener cuidado con los pulgones, con las arañas, las cochinillas y otros muchos insectos que pueden llegar a estropearnos completamente nuestro jardín. Aunque no parezca demasiado importante, el ataque de los caracoles, puede perjudicar el aspecto de algunas plantas, por eso también tenemos que tener cuidado con ellos.

La humedad excesiva, con las temperaturas suaves que se producen en esta época, propicia la aparición de hongos. Debemos hacer tratamientos preventivos con azufre o algún producto con cobre como Lombrico Cobre. Para más información consultar el apartado de plagas.
Las llamadas malas hierbas, también hacen su aparición en nuestro jardín, con lo que tendremos que estar pendientes de ir eliminándolas antes de que lleguen a ser un auténtico problema.
El riego debe comenzar a hacerse más a menudo, acompañado de una fertilización con los productos adecuados para cada tipo de planta. Además, la aplicación de agua debe evitarse en las horas centrales del día, por las razones explicadas en el apartado del riego.

Al principio de la primavera podremos visitar los viveros donde encontraremos gran variedad de plantas para colocarlas en nuestro jardín o decorar nuestros hogares.
Al final de la primavera, debemos recoger los bulbos plantados en otoño y guardarlos con el fin de volver a plantarlos al año siguiente.
Ahora es el momento de plantar los bulbos que florecen en verano.